El peso de los Montes de Piedad en la América española

Cada vez que se cumple otro aniversario del descubrimiento de América, uno de los episodios históricos más trascendentes para nuestra civilización, se recuerdan y ponen en valor los grandes legados de la cultura española en el nuevo continente, como pueden ser la lengua, la religión católica o la herencia greco-latina y árabe, que nuestros primeros colonos fueron llevando desde finales del siglo XV.

Pero hay muchos otros aspectos de nuestra tradición y nuestra cultura que viajaron también en galeones y carabelas. Una de las instituciones económicas más importantes en la economía española, el crédito prendario, también haría su recorrido desde el viejo continente a las nuevas tierras de América, para establecerse y desarrollarse allí con la misma popularidad que en sus lugares de origen.

Desde la Baja Edad Media, con los pósitos y alhóndigas, entre otras figuras, y hasta comienzos del siglo XVIII, con la fundación del primer Monte de Piedad español (Monte de Piedad de Madrid, 1702), el crédito prendario fue una figura de gran importancia en el sistema económico de España y paulatinamente también en las posesiones de ultramar que se fueron incorporando.

Todas estas figuras, más o menos informales, asociadas al empeño de bienes para obtener liquidez dieron un paso muy importante hacia la creación de una institución de gran solidez, impulsada por la Iglesia Católica, y regulada y apoyada por los poderes del Estado, como queda dicho, los Montes de Piedad a partir de 1702.

Esta figura todavía tardaría más de 60 años en exportarse a América, en concreto a México, donde se creó en 1765 el primer Monte de Piedad, y podría decirse también que la primera entidad financiera formal del continente americano. Así nació el Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas, a imagen y semejanza del Monte de Piedad de Madrid, y cuyos estatutos prácticamente fueron reproducidos palabra por palabra.

Después de México se crearían Montes de Piedad en numerosas ciudades de América, como Lima, Quito, San José, Buenos Aires o Santiago, entre otras. Se extendía por el nuevo continente la institución del crédito prendario, tan popular en Europa desde la creación en Italia de los primeros Montes de Piedad a finales del siglo XIV.

Años después muchos de estos Montes de Piedad siguen operando en sus respectivos países de América de una forma muy similar a cómo lo hicieron en los años posteriores a su fundación, aunque en su mayoría con formas jurídicas diferentes que han evolucionado con los cambios sociales y políticos de estos tres últimos siglos.

Sólo el Nacional Monte de Piedad de México, al igual que sus homólogos españoles ha conservado exactamente el mismo estatus jurídico con el que fue creado: una institución de carácter fundacional, por lo tanto no lucrativa, dedicada a facilitar el crédito a toda la sociedad, sin distinción de clase.

En el resto del continente y tras los procesos de independencia de España, en primer lugar y posteriormente de algunos episodios revolucionarios o de nacionalización de empresas e instituciones, la figura de los antiguos Montes de Piedad fue asumida en la mayoría de las ocasiones por instancias municipales u otros poderes públicos.

En algunos casos, el esquema tradicional de los Montes de Piedad, de inspiración eclesiástica, despareció, pero fue retomado posteriormente por organismos locales y estatales, dada la importancia que para la economía representaba el crédito prendario.

Con continuidad en el tiempo o retomando la actividad desde otro ámbito, en América existen hoy instituciones que siguen ofreciendo empeños no lucrativos, y que cuentan con un gran arraigo y reconocimiento social. Sin ánimo de hacer una lista exhaustiva, podemos citar a: La Dirección General de Crédito Prendario (DICREP) de Chile, dependiente del Ministerio de Trabajo; el Banco Ciudad de Buenos Aires (Banco público municipal); La Caixa Económica Federal de Brasil (Banco público estatal); La Caja Metropolitana de Lima (Banco público municipal), El Banco del Instituto de la Seguridad Social de Ecuador (Banco público estatal); El Banco Popular y de Desarrollo Comunal de Costa Rica (Banco público estatal); y la Caja de Ahorros para Obreros y Monte de Piedad de República Dominicana, dependiente del Ministerio de Hacienda.

Mención aparte merecen las tres instituciones mexicanas, que al igual que ocurre en España, son fundaciones sin ánimo de lucro con una actividad de empeño asistencial; la más antigua y de mayor dimensión, el Nacional Monte de Piedad; el Montepío Luz Saviñón, fundado a comienzos del siglo XX; y el de más reciente creación y de menor tamaño, la Fundación Dondé.

Sólo estas instituciones, las que se pueden considerar entidades de crédito prendario formales y reguladas, conceden al año en América del orden de diez millones de créditos, con una cartera de unos siete millones de clientes, con un volumen de crédito aproximado de unos 450 millones de dólares. Una actividad pequeña si se compara con otras magnitudes, pero que impacta en estratos sociales muy necesitados de financiación asequible, segura y que se tramita de forma rápida y sencilla. Los mismos principios que movieron la creación de los Montes en Europa muchos siglos atrás.

América es el caso más palpable y quizá exitoso de cómo estas instituciones económicas del viejo continente hicieron sus particulares viajes a las nuevas tierras, pero no es el único. Portugal hizo lo propio en Brasil, como se ha apuntado, y también en África o incluso en India, donde el crédito prendario llegado de Europa convivió con figuras arcaicas preexistentes. E igualmente Francia, que extendió su tradición en el crédito prendario sobre todo al norte de África.

Hoy, los Montes en España, se muestran como lo que son, entidades modernas, abiertas, seguras, fiables, que ofrecen una financiación accesible a clientes con circunstancias muy diversas.  Al ser un microcrédito rápido y asequible en el que el único aval es la joya, acuden a los  Montes de Piedad todo tipo de perfiles, desde los autónomos que tienen que hacer frente a la declaración trimestral a amas de casa que tiene un imprevisto porque toca pintar el salón o estudiantes que tienen que hacer frente a la matrícula del curso.

En este sentido, se produjo un importante cambio durante la crisis financiera del 2008, cuando se incorporaron muchos nuevos clientes, profesionales liberales, autónomos y pequeños empresarios que ven en este tipo de operación crediticia – sin avalistas o estudios de solvencia, por su inmediatez, transparencia y facilidad – una solución a sus problemas puntuales de liquidez.

Esto demuestra que actualmente aquella “leyenda” que perseguía a estas entidades en el sentido de que era una solución financiera de “última instancia” ha pasado a ser un tópico. Ahora son una magnífica alterativa crediticia que tiene la ventaja de su inmediatez; en 10 minutos el cliente sale de la  oficina con el dinero; la flexibilidad, ya que son créditos a medida que se formalizan por un año pero que no tienen comisiones de apertura ni de cancelación y que puede cancelarse cuando se quiera; y con unos intereses muy bajos en comparación, por ejemplo, con otros créditos inmediatos o una tarjeta de crédito. En definitiva, un producto muy flexible en el más del 97% de los clientes recupera su joya.

La crisis pone a prueba, una vez más, un sistema con 320 años que se muestra más eficaz que nunca aportando crédito a familias y autónomos. Como suele ocurrir en estos periodos de bajo crecimiento y tensiones en los mercados, el oro alcanza niveles muy altos en su cotización ya que es siempre un valor refugio. Lástima que en España, al contrario que en otros países de América, no exista una “cultura del oro”. Nosotros preferimos invertir nuestros ahorros en un coche nuevo o en una vivienda mientras que los ciudadanos de estos países destinan una parte de su inversión a adquirir unos gramos más del preciado metal, ya sea a través de joyas o de lingotes. La explicación es sencilla: si viene una situación crítica sé que dispongo de un valor seguro. El oro es la única “moneda” que ha perdurado en el tiempo y ha desafiado a todo tipo de crisis acaecida en la sociedad. El oro se ha mantenido intacto ante las políticas monetarias de inflación y no se puede incrementar su volumen simplemente imprimiendo más. El oro es atemporal.

En cualquier caso, hoy 12 de octubre, tenemos muchos motivos de celebración y en el reducido ámbito de los Montes de Piedad, también tenemos que celebrar que una institución concebida y desarrollada en Europa en la Edad Media siga cumpliendo sus funciones y generando un impacto positivo en muchas economías y sociedades americanas.

Si estas entidades tienen más de 300 años de historia es porque las dos partes, cliente y entidad, salen beneficiadas porque ofrecen un trato ecuánime y justo al cliente. El que conoce y prueba este sistema, repite!!.

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